En estos días volví a el libro en el que David Lynch reflexiona sobre la creatividad, la intuición y la meditación. Al releerlo, encontré que su acercamiento al Sanātana Dharma -hinduismo en Occidente- es más profundo y sutil de lo que suele mencionarse. No hablo de devoción o creencia religiosa, sino del diálogo natural que él estableció con la tradición filosófica de la India.