La contribución integral de la cultura en el desarrollo de las sociedades: una mirada al documento «El valor público de las artes y la cultura» de Mariana Mazzucato.

La prestigiosa profesora de Economía de la Innovación y el Valor Público en el University College London (UCL) y directora del Instituto para la Innovación y el Interés Público, Mariana Mazzucato, publicó en septiembre de 2025 su primer documento de trabajo dedicado al campo de la cultura y de las artesThe Public Value of Arts and Culture. Investing in Arts and Culture to Reimagine Economic Growth in the 21st Century”

Su trabajo como economista ya es conocido en diferentes países por replantear el papel y explicar la importancia del Estado -como actor activo- en los asuntos macroeconómicos de las naciones, así como por su enfoque de misiones en la política económica centrado en la solución de grandes desafíos sociales – por ejemplo, el cambio climático- a través de un Estado dinamizador de la inversión y de permanentes colaboraciones público-privadas. Mazzucato propone una política económica orientada al crecimiento económico inclusivo y sostenible, que no solo aumente la productividad y su diversificación, sino que también reduzca la pobreza, cierre brechas sociales y proteja el medio ambiente para las futuras generaciones.

Desde una perspectiva amplia, integral y reflexiva sobre lo público, lo estatal y lo económico, Mazzucato asigna a las artes y la cultura un rol fundamental en la generación de valor público, concepto central en su documento de trabajo. De acuerdo con su planteamiento, las artes y la cultura contribuyen a la construcción de futuros alternativos y al diseño de las sociedades deseadas, ya que pueden catalizar procesos creativos colectivos y propiciar transformaciones sociales significativas.

En países como Colombia, los argumentos que respaldan la inversión pública en las artes y la cultura suelen enfocarse en sus beneficios intrínsecos para la cohesión social, particularmente promovidos por gobiernos progresistas, o en su contribución al desarrollo económico a través del incremento del producto interno bruto (PIB) y la generación de empleo, defendido por administraciones de orientación neoliberal. En el ámbito de las políticas de cultura, se observa que ambos enfoques se presentan generalmente como opuestos, sustentados principalmente en argumentos ideológicos. Algunos gobiernos priorizan el desarrollo de la industria cultural y creativa, mientras otros conceden mayor relevancia al fortalecimiento y consolidación de procesos comunitarios y populares priorizando la subvención estatal.

Mariana Mazzucato propone dejar atrás esa dualidad y aceptar que la cultura puede influir de manera estratégica y sustancial en la imaginación colectiva y orientar la economía hacia un modelo enfocado en la sostenibilidad ambiental y la inclusión social.

En otras palabras, las artes y la cultura poseen la capacidad de motivar que las políticas económicas sean repensadas, rediseñadas y alineadas con objetivos sociales. Más allá de aportar únicamente desde métricas económicas, la cultura y las artes pueden dialogar directamente con la economía para expandirla y transformarla, destacando así la importancia que tienen en el logro de objetivos estratégicos o grandes misiones nacionales.

Y ¿de qué manera contribuyen las artes y la cultura? Mazzucato señala que ambas tienen un notable valor público, pues promueven capacidades ciudadanas que ayudan a imaginar nuevas posibilidades para el futuro, pensar en el tipo de sociedad que deseamos construir y definir la economía necesaria para alcanzarlo. Según los estudios dirigidos por la economista, los procesos y prácticas culturales y artísticas estimulan preguntas y reflexiones sobre el propósito del crecimiento económico y cómo se percibe ese crecimiento. Como ejemplo, menciona una investigación realizada junto a la BBC, la cual evidenció que la programación de radio y televisión de esta cadena pública británica genera importantes beneficios a nivel individual, social e industrial al influir en valores, normas y modos de crear vínculos sociales y en la misma configuración de los mercados.

Tradicionalmente, el apoyo estatal a estos ámbitos ha estado condicionado por la forma en que los gobiernos valoran su utilidad: si se consideran solo herramientas que benefician a otros sectores como la economía, la salud o la educación, la financiación suele depender de pruebas concretas sobre su impacto positivo—como el aumento del PIB o mejoras en la salud mental. Si se reconocen como vehículos para alcanzar objetivos sociales o políticos, se exige evidencia de cómo las artes y la cultura contribuyen simbólicamente al promover ciertos temas o contenidos. Bajo ambos enfoques, su importancia radica en demostrar un aporte tangible a otros sectores, lo que genera competencia por fondos públicos y una discusión sobre qué cartera debe gestionarlos.

La economista se aparta de estas valoraciones dicotómicas tradicionales que suelen aplicarse a la cultura y las artes. Sostiene que estos ámbitos no solo deben verse como herramientas al servicio de otros sectores, sino que pueden orientar y definir el sentido del crecimiento económico. Así, plantea la necesidad de situar la cultura en el centro de las políticas económicas, ya que aporta valor público tanto a la economía como a la sociedad en general. Por ello, la cultura trasciende su condición de sector específico para consolidarse como un área estratégica fundamental para el desarrollo nacional.

Para dirigir la economía hacia el valor público por medio de las artes y la cultura, es fundamental implementar enfoques actualizados en la formulación de políticas tanto económicas como culturales, establecer nuevos estándares de medición y promover colaboraciones intersectoriales centradas en el valor público. Este proceso demanda además una voluntad política sólida y constante, así como líderes con visión capaces de trascender los dilemas ideológicos inherentes a las políticas estatales.

Reflexiones contextualizadas en la realidad colombiana a partir del documento de trabajo de Mariana Mazzucato
Reflexión 1.

En nuestro país, el ámbito cultural y artístico presenta una fragilidad estructural debido a la variabilidad de las inversiones públicas. A pesar de los incrementos en dichos recursos, persisten dudas sobre la eficacia de su asignación para promover la transformación y el desarrollo social. Frecuentemente, los argumentos discursivos e ideológicos prevalecen en las decisiones sobre los enfoques adoptados. Es fundamental entender que la eficacia implica establecer metas de desarrollo claras que permitan dimensionar la transformación que se puede lograr a través de la cultura y las artes, así como evaluar la contribución al cumplimiento de los derechos culturales, tanto para los integrantes del sector cultural y artístico como para la ciudadanía en general.

Por lo tanto, no basta con informar cantidades de personas beneficiadas, estímulos otorgados, convenios y alianzas realizadas, cantidad de puestas en escena, número de sistemas de circulación generados, etc. Estos datos reflejan solo la gestión y no muestran a la ciudadanía el impacto concreto de la cultura en la transformación social y económica alcanzada mediante procesos culturales y artísticos.

Según Mazzucato, la cultura y las artes tienen un gran potencial para conectar y transitar por estos distintos enfoques, siempre que se profundicen, ya que suelen tener sesgos en su diseño e implementación por parte de los gobiernos.

Para la economista, al evaluar la inversión pública no solo es importante determinar en qué se emplean los recursos, sino también asegurar la transparencia y el cuidado en responder cómo se llevarán a cabo las acciones (eficiencia) y cuál es su propósito o meta (eficacia). Esto significa evitar confundir la producción de bienes con el desarrollo. Por ejemplo, un gobierno podría afirmar que construyó 50 museos como indicador de desarrollo; sin embargo, si estos museos permanecen vacíos o carecen del presupuesto necesario para funcionar adecuadamente, no puede hablarse de auténtico progreso cultural, ya que no se generó un cambio real en el acceso y el bienestar de la población.

Reflexión 2.

Por otra parte, resulta fundamental crear políticas culturales y artísticas innovadoras en lo que respecta a los mecanismos para asignar y distribuir recursos. Aunque se logren solucionar los problemas de acceso y gestión de los fondos públicos concursables y se destinen mayores recursos a estos, está claro que este mecanismo no basta para impulsar y consolidar el desarrollo cultural, mucho menos si se pretende hacerlo desde una perspectiva estratégica, tal como sugiere Mazzucato.

El objetivo no es solamente subvencionar las artes, sino cocrear una economía y sociedad conforme a nuestras aspiraciones colectivas. Bajo esta perspectiva y de acuerdo con el enfoque de la economista, los gestores, productores culturales, los artistas y las instituciones culturales dejarían de ser considerados sólo como beneficiarios de ayudas públicas para reconocerse como cocreadores de valor público. Este cambio de paradigma debería conducir, de manera lógica, al diseño e implementación de nuevos mecanismos públicos que financien la cultura y las artes.

Reflexión 3.

El enfoque de valor público propuesto por Mazzucato para las artes y la cultura requiere gobiernos conocedores, pacientes y con liderazgo visionario, capaces de entender cómo funcionan y cuáles son los efectos a largo plazo de la cultura y el arte en diversos ámbitos. Es fundamental contar con responsables de decisiones que implementen una gestión más planificada, deliberada y sistemática de los recursos públicos destinados a la cultura y las artes.

Las políticas culturales no deben limitarse a los intereses de gobiernos particulares, sino que deben fomentar las artes y la cultura como fines, medios y ámbitos estratégicos de manera complementaria. Es decir, las políticas públicas han de incorporar tanto los beneficios intrínsecos como instrumentales de la cultura y las artes, según lo señalado por Mazzucato. Ambas contribuyen al desarrollo de capacidades de imaginación colectiva, sentido de pertenencia y sensibilidad ciudadana; además, facilitan medios y canales para avanzar en ciertas metas en materia de salud, educación y sostenibilidad ambiental, y también pueden constituir una condición previa para la transformación económica en las sociedades contemporáneas.

Reflexión 4.

Desde el ámbito de las organizaciones y los procesos culturales, es esencial cuestionar hasta qué punto resulta estratégico seguir considerando “lo público” únicamente desde una perspectiva institucional. Aunque en Colombia suele prevalecer una visión más administrativa y gerencial sobre el “valor público”, la propuesta de Mazzucato la resignifica y profundiza al reconocer que su creación implica la convergencia de actores tanto institucionales como no institucionales. Por ello, es clave identificar claramente cómo nuestros procesos y organizaciones contribuyen a generar valor público. Esto requiere fortalecer y consolidar en las organizaciones un conjunto de capacidades internas relativas a la gestión de información y conocimiento, así como al diseño e implementación de herramientas para evaluar los proyectos e iniciativas que se desarrollan.

Nota de cierre: quiero resaltar que la consultora LADO B – Economía Creativa ha desarrollado durante varios años investigaciones sobre el impacto económico, social y cultural de diferentes festivales en Colombia. Estos estudios, junto con otros análisis realizados por la misma firma, han contribuido al surgimiento del concepto de “valor mixto” en las artes y la cultura, el cual presenta afinidad con la noción de valor público propuesta por Mariana Mazzucato. Vale la pena releer y consultar estos estudios.

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